NATURALEZA, RURALIDAD Y CIVILIZACIÓN
Extracto de la obra "Naturaleza, ruralidad y civilización", de Félix Rodrigo Mora (Editorial Brulot)
Capítulo III: Reflexiones sobre la fiesta popular en la sociedad rural tradicional
Ahora la fiesta es simple gasto y consumo, está centrada en cosas (alcohol, drogas), y en el espectáculo por el que se ha pagado, pero antes era encuentro, convivencia y reunión, teniendo como elemento constitutivo fundamental a los seres humanos. Esa diferencia es la que explica que la fiesta popular fuera extraordinariamente divertida, de modo que los asistentes gozaban mucho de ella, mientras la fiesta mercantil, aleccionadora y amaestradora actual es un asunto más que aburrido desolador y lúgubre, que quizá sólo puede soportarse tomando sustancias narcóticas, lo que otorga razón a quienes han calificado a la totalidad de la sociedad actual de "Tristania". Ésta no sabe, no puede divertirse, y no aprenderá a hacerlo (lo que es necesario, pues el recreo forma parte de la vida) hasta que sustituya la fiesta por contemplación, propia de la sociedad del espectáculo, por un tipo nuevo de fiesta por participación, autoelaborada. También es imprescindible que el sujeto hobbesiano actual, que se realzia a través del odio de todos contra todos, en beneficio del Estado, sea sustituido por el individuo afectuoso, que ve en sus semejantes la expresión más elevada del bien. [...].
No todas las sociedades rurales conocidas han sido iguales, ni su idiosincrasia resulta directamente de las condiciones materiales de existencia, ni mucho menos, como propone el tosco enfoque economiscista. La recientemente extinguida hacía del llevarse como hermanos y quererse el supremo bien, pero otras, con las mismas forzosidades materiales, no. La buena convivencia era tanto un medio como un fin, pero sobre todo era un fin, no algo resultado de un cálculo pragmático [1]. Es a destacar que en el presente, las condiciones de existencia mejorarían extraordinariamente si la degradada gente de la modernidad dejara de despreciarse y odiarse entre sí, pero no prevalece esta utilitaria reflexión, como lo prueba que el desamor a los iguales, esa especia de peste negra psíquica de nuestro tiempo, se expande más y más, amargando la existencia de todos, provocando sufrimiento y desastres, no solamente emocionales sino también materiales, por doquier.
[1] Ello, como se ha dicho, resulta del proyecto estratégico que funda la sociedad rural tradicional en la Alta Edad Media, y no de ninguna consideración más o menos pedestre. Dado que la historia humana es de naturaleza decisionista, y no determinista, ni tampoco azarosa, resulta que lo que es, en tanto que concreto existente, en una fase dado, proviene de la realización, más o menos rigurosa, de un magno proyecto precedente, con esfuerzo y dolor. El componente convivencial y amoroso propio de la formación social rural popular es aún visible en sus postreras manifestaciones, por ejemplo, en el libro "La última trova", autobiografía de Indalecio Zaballa "Masío", que a finales del siglo XX fue tenido por "trovador mayor de Cantabria", un hombre bueno y muy listo, toda su vida trabajador manual en el ámbito de la ruralidad, y al mismo tiempo maestro en el arte de trovar, es decir, de elaborar composiciones, por lo general complejas y extensas, destinadas a ser cantadas en las fiestas populares, según la tradición oral cántabra. En él Masío expone su concepción de la existencia, centrada en tres valores, uno el de armonía, en tanto que rechazo de la competitividad entre los seres humanos; otro el de hermandad de actos, afirmando, henchido de satisfacción, que en aquella sociedad "parecía que todos éramos hermanos"; y un tercero, el repudio del dinero ("por dinero nada, aunque me hace falta"). Acerca de a cultura popular cántabra es de interés "Trovas y comparsas en el Alto Nansa. Compuestas y transmitidas por los habitantes de los valles de Rionansa, Tudanca y Polaciones", recopilación y estudio de W. A. Christian Jr.
Félix Rodrigo

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