Mostrando entradas con la etiqueta Alienación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alienación. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de marzo de 2011

Conspicuous compassion, by Patrick West

The Pharisee and the Publican (Gustave Doré)

'Conspicuous Compassion: Why sometimes it really is cruel to be kind'
by Patrick West is published by Civitas (London). Chapter 1.

Conspicuous Compassion

 ‘Observe how children weep and cry, so that they will be pitied the thirst for pity is a thirst for self-enjoyment, and at the expense of one’s fellow men’.
Friedrich Nietzsche
‘Human, All Too Human’, 1878

WE live in an age of conspicuous compassion. Immodest alms-giving may be as old as humanity—consider the tale of Jesus rebuking the self-exalting Pharisee—but it has flowered spectacularly of recent. We are given to ostentatious displays of empathy to a degree hitherto unknown. We sport countless empathy ribbons, send flowers to recently deceased celebrities, weep in public over the deaths of murdered children, apologise for historical misdemeanours, wear red noses for the starving of Africa, go on demonstrations to proclaim ‘Drop the Debt’ or ‘Not in My Name’. We feel each other’s pain. In the West in general and Britain in particular, we project ourselves as humane, sensitive and sympathetic souls. Today’s three Cs are not, as one minister of education said, ‘culture, creativity and community’, but rather, as commentator Theodore Dalrymple has put it, ‘compassion, caring and crying in public’. 

This book’s thesis is that such displays of empathy do not change the world for the better: they do not help the poor, diseased, dispossessed or bereaved. Our culture of ostentatious caring concerns, rather, projecting one’s ego, and informing others what a deeply caring individual you are.

domingo, 2 de enero de 2011

El hombre alienado (Breve tratado de Ética)


Extracto del Capítulo V: CIVILIZACIÓN Y ALIENACIÓN
del Breve Tratado de Ética de Heleno Saña

EL HOMBRE ALIENADO
El concepto de “alienación” es asociado generalmente a los nombres de Hegel y Marx, pero, de hecho, ya fue anticipado por Parménides en su poema didáctico. La causa de la alienación humana –nos enseña en esencia el filósofo griego- no es otra que la de dejarse dominar por la dispersión, la rutina cotidiana y el mundanal ruido. La pérdida de la conciencia de sí como resultado de la “caída” en lo múltiple y diverso, intuido por primera vez por la escuela eleática, se convertirá en uno de los temas principales de la filosofía y la religión, especialmente a partir del neoplatonismo, de la Gnosis y de Orígenes, una corriente de pensamiento que San Agustín sintetizará en sus Confesiones con el concepto de dispersio. Pero la concepción de la diversidad y la dispersión como origen del mal y la condena, lejos de quedar restringido al pensamiento antiguo y al cristianismo, penetrará también en el pensamiento contemporáneo, sea en forma religiosa o secular. Así la huella de la Gnosis es claramente perceptible en la obra de Kierkegaard, Heidegger, Adorno, Horkheimer y Herbert Marcuse. Por muy dispares que sus cosmovisiones sean, todos ellos anatemizan la vida real aquí y ahora como lo inauténtico y lo que no debe ser, de ahí su hostilidad a la sociedad, que Heidegger degrada a Man (habladuría), trivialidad y huída de lo único auténtico, que es el “ser-para-la-muerte”. La misma hostilidad de Adorno a todo lo colectivo y común, que él llama “totalidad” y a la que frente a Hegel denomina das Unwahre (lo no verdadero). No menos radicalmente, Horkheimer se refugia en la “nostalgia de lo completamente distinto”, esto es, lo opuesto a la vida real. En principio, Marcuse rechaza también la vida real, pero menos pesimista que Adorno y Horkheimer, busca refugio en la utopía social. El mismo Ortega postulará también el “ensimismamiento” como única respuesta coherente a la dispersión.