Dídac Abad de Santillán
Conseller d'Economia de la Generalitat de Catalunya (FAI)
"Por otra parte, situándonos por encima de los intereses de partido, de las aspiraciones individuales o colectivas de tendencia, quien será vencida en la guerra ha de ser España, cuya economía quedará deshecha, con unos millones menos de habitantes, muertos en la flor de la edad y del trabajo, con ruinas por doquier, con una semilla de odio en la sangre que lo envenenará todo durante muchas generaciones, en vasallaje político y económico".
"Si nosotros nos hubiésemos cruzado de brazos en julio de 1936, si hubiésemos obedecido las consignas del gobierno republicano, las recomendaciones idiotas de un Casares Quiroga, ministro de la guerra, habrían ido a parar nuestras cabezas al pelotón de ejecución, junto con las de los dirigentes republicanos y socialistas de todos los matices, pero la guerra no habría sido posible, porque la República no disponía de fuerzas para defenderse y la sublevación militar, clerical y monárquica había sido perfectamente andamiada en el país y en el extranjero.
Resumiremos, a través de este relato, tres de las causas fundamentales del desenlace antipopular y anti-español de nuestra guerra, de las que se derivan las demás causas secundarias, y procuraremos desentrañar cual habría debido ser nuestra conducta práctica para evitar la tragedia en la dimensión que se ha producido.
1º — La idiocia republicana, que encarnó, desde las esferas gubernativas de Madrid, la misma incomprensión de las monarquías habsburguesas y borbónicas ante las realidades populares y ante sentimientos regionales legítimos, como el de Cataluña, contra cuya iniciativa bélica y social se cuadró todo el aparato del Estado central, hasta reducir las inmensas posibilidades de esa región y entregarla, maltrecha y amargada, al fascismo.
Cataluña pudo ganar la guerra sola, en los primeros meses, con un poco de apoyo de parte del gobierno de Madrid, pero este tuvo siempre más temor a una España que escapase a las prescripciones de un pedazo de papel constitucional y ensayase nuevos rumbos económicos y políticos, que a un triunfo completo del enemigo.
2º — La política de no-intervención, propuesta y practicada por el gobierno socialistarepublicano de Francia desde la primera hora, aprobada después por Inglaterra, y convertida en el mejor instrumento para sofocarnos a nosotros, mientras se proporcionaban al enemigo, abiertamente, los hombres y el material de guerra necesarios para asegurarle el triunfo. Esa farsa siniestra de la no-intervención, en la que acabó de morir, y no lo lamentamos, la Sociedad de Naciones, supo sacrificarnos despiadadamente a nosotros, pero no ha logrado evitar que Francia e Inglaterra, principales animadoras de esa burla sangrienta, tengan que pagar las consecuencias en la guerra actual, con millones de sus hijos y el sacrificio de todas sus reservas económicas y financieras.
3º — Tan funesta como la no-intervención para la llamada España leal, fue la intervención rusa, que llegó varios meses después de iniciadas las operaciones; prometió vendernos material y, no obstante cobrarlo en oro, por adelantado, llegase o no llegase la carga a nuestros puertos, puso como condición de la supuesta ayuda la sumisión completa a sus disposiciones en el orden militar, en la política interior, en la política internacional, habiendo hecho de la España republicana una especie de colonia soviética. La intervención rusa, que no solucionó ningún problema vital desde el punto de vista del material, escaso, de pésima calidad, arbitrariamente distribuido, dando preferencia irritante a sus secuaces, corrompió a la burocracia republicana, comenzando por los hombres del gobierno, asumió la dirección del ejército, y desmoralizó de tal modo al pueblo que éste perdió poco a poco todo interés en la guerra, en una guerra que se había iniciado por decisión incontrovertible de la única soberanía legítima: la soberanía popular".
Diego Abad de Santillán