viernes, 21 de enero de 2011

Herbert Read, sobre l'anarquisme


"En la historia, las aguas estancadas, sean las de la costumbre o las del despotismo, no toleran la vida; la vida depende de la agitación que realizan unos pocos individuos excéntricos. En homenaje a esa vida, a esa vitalidad, la comunidad debe aceptar ciertos riesgos, debe admitir una porción de herejía. Debe vivir peligrosamente, si es que quiere vivir.

La única respuesta es que el ineficaz sistema hoy existente beneficia a una pequeña minoría de personas que han acumulado suficiente poder para mantenerlo contra toda oposición. Ese poder adopta diversas formas -el poder del oro, el poder de la tradición, el poder de la inercia, el control de la información-, pero esencialmente es el poder de mantener a los demás en un estado de ignorancia. Si fuera posible sacudir la credulidad supersticiosa de las masas; si los fantásticos dogmas de los economistas pudieran ser puestos en evidencia; si el problema llegara a ser captado en toda su simplicidad y realismo por el más sencillo obrero y campesino, el sistema económico vigente no duraría un día más. La creación de un nuevo sistema económico llevaría algo más que el día siguiente; pero seria mejor empezar con una revolución como en España, que pasar por la lenta agonía de un llamado “periodo de transición”. Este periodo de transición no es más que una invención burocrática destinada a posponer lo inevitable".


"Nada se ganara tratando de disimular el hecho de que los recientes acontecimientos de Rusia han creado entre los socialistas, si no un estado de franca desilusión, por lo menos cierto grado de secreta perplejidad. Ello comenzó con el primero de los grandes procesos por traición, de Moscú; pues sea cuales hayan sido las razones o las culpas de cada una de las partes, nos hallamos siempre ante este ineludible dilema; o bien los acusados eran culpables, en cuyo caso su traición era la evidencia de la falta de unidad en la Rusia soviética, incluso de una vasta rebelión contra la política de Stalin; o bien eran inocentes, en cuyo caso Stalin aparece como un siniestro dictador, que en nada se diferencia de Hitler y Mussolini. Entretanto, se manifestaron en Rusia ciertas tendencias que habíamos justificado en tanto podían atribuirse al gran esfuerzo exigido por una inmensa producción económica, tendencias que quedaron estabilizadas y, en cierto modo, codificadas en la nueva constitución. He de referirme a ellas con algún detenimiento. Pero no sólo en Rusia tuvieron lugar hechos perturbadores. Hemos visto los muy significativos sucesos de España. Se produjo allá el estallido de una revuelta fascista contra un gobierno democrático, surgiendo en defensa de tal gobierno, no ya un definido partido marxista, al estilo ruso, sino, un grupo heteróclito de partidos de izquierda, que a duras penas se contenían de aferrarse a las gargantas unos de otros, debido al peligro que amenazaba a todos por igual. Incluyendo entre ellos a los anarquistas y los federalistas, esos partidos de la izquierda española eran decididamente opuestos a un Estado totalitario semejante al modelo ruso".

"Y aun cuando en el curso de la implacable lucha contra el fascismo, y obedeciendo las directivas de Rusia con su llamada ayuda democrática, los comunistas vayan ganado temporariamente el control de la maquina de gobierno, podemos estar seguros de que el fin de la guerra civil será también el fin de esa preponderancia. La reivindicación de la autonomía regional, de la autotomía sindical, el reclamo de la abolición de la burocracia y del ejercito permanente, surgen de los más profundos instintos del pueblo español".

"La prensa de este país y los más destacados escritos políticos que la sirven, evidenciaron entonces muy escasa comprensión acerca de esta situación en España. Ante la mención del anarquismo, las publicaciones burguesas evocan una figura exótica, cubierta por un sombrero de anchas alas y que lleva en el bolsillo una bomba de fabricación casera; al parecer, están dispuestas a asignar la existencia en España de dos millones de personajes melodramáticos de ese tipo. En cuanto a los hombres de prensa socialistas, o han admitido que el anarquismo fue enterrado cuando Marx derrotó a Bakunin en el congreso de La Haya, en 1872, por lo cual nada harán ni escribirán fuera de ese supuesto; o bien, sabiendo que en España como en Italia jamás se a extinguido el anarquismo, se han dedicado a oscurecer deliberadamente los hechos, pretendiendo que el anarquismo era simplemente la expresión de un desarreglo infantil del temperamento latino, y que no debía ser tomado en serio. Estos últimos esperan el desenlace de la lucha en España con cierta ansiedad, pues ¿qué ha de ocurrir, si después de todo el anarquismo llaga a convertirse en una fuerza en un país europeo? ¿Qué ha de pasar si en el, occidente europeo se estableciera una forma de socialismo que ofrecerá una alternativa al tipo de socialismo existente en el Este? Actualmente mucha gente acepta el régimen de Stalin y a la Tercera Internacional, no obstante sus errores y defectos, porque es el único sistema comunista establecido en el mundo. ¿Qué ocurrirá si se afirma en España otro sistema que se manifieste de un tipo más puro de comunismo?".

"El principio esencial del anarquismo es que la humanidad ha alcanzado una etapa de su desarrollo en que es posible abolir la antigua relación de amo-criado (capitalista-proletario) y sustituirla por una relación de cooperación igualitaria. Este principio se basa, no sólo en fundamentos éticas, sino también en fundamentos económicos. No es solamente cuestión de sentimiento de justicia, sino de un sistema de producción económica. El anarquismo ético de Bakunin ha sido completado por el anarquismo económico de los sindicalistas franceses. Puede haber aún anarquistas éticos del tipo de los tolstoianos, quienes están convencidos de que debemos revertir la tendencia de nuestro desarrollo técnico y volver al sistema de la artesanía y el trabajo individual. Pero los anarquistas más realistas de la época presente no tienen deseo alguno de sacrificar el mayor dominio que tenemos sobre la naturaleza gracias al desarrollo de los métodos modernos de producción. Y hoy han comprendido, además, que el máximo desarrollo posible se esos métodos de producción prometen un grado superior de la libertad individual que el que hasta ahora han disfrutado los hombres".

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